Fragmentados por el algoritmo

Hace un año lancé mi sitio web, y desde entonces han sido recurrentes los atacazos artísticos. El primer artículo que subí, cuestionaba para qué lo estaba haciendo, y si valía la pena escribir cuando ya casi nadie lee. En ese mismo artículo me respondí que en realidad siempre me gustó escribir, y ahora, a un año que llevo cumpliendo con mi promesa de publicar mis escritos, más allá de la audiencia, debo reconocer, que uno de los cuestionamientos que más me hago a mi misma,  es sobre qué cosas publicar. 

El problema es que nomadeando principalmente buscaba mostrar y contar mis experiencias en el extranjero, y solucionar las dudas que todo migrante o futuro migrante tiene, antes de embarcarse. Sin embargo, también quise empezar a compartir mis poemas, mis pensamientos, y mis reflexiones. Con el tiempo, también quise hablar de política, de interculturalidad, de racismo, de migración, e incluso desde una mirada más académica.

 Apareció entonces la duda de si debía crear otro instagram, para hablar de esas cosas. Uno que muestre ese contenido específicamente a personas que estén interesados en las relaciones internacionales como disciplina. 

Me resulta interesante la necesidad de catalogarnos constantemente. Ponernos etiquetas: médicos, docentes, investigadores, licenciados, no licenciados, creadores de contenido, influencers. Somos lo que hacemos. Desde los 18 años estamos obligados a elegir un camino. Estudiar o trabajar, o ambos. Pero algo. Caso contrario somos fracasados, vagos, perdidos. No entramos en el sistema. 

Cuando terminé de cursar la universidad inmediatamente corrí a inscribirme a un profesorado. Necesitaba la validación constante de estar haciendo algo. No quería dejar de ser estudiante, y al no tener mi título universitario, también quedaba fuera de la competencia laboral para los trabajos que quería hacer. 

Cursé el profesorado unos 4 meses, y me di cuenta de que no quería hacer otra carrera. Que era demasiado tiempo en una institución. No tenia la energia ni motivacion suficiente para someterme a tal tortura. Entré en una especie de depresión. Me quedaban 10 materias de la universidad, y no podía rendir ninguna. Al dejar de cursar perdí el contacto con mis compañeros, y con ello, una parte de mi identidad se había perdido. De repente tenía miedo de rendir exámenes. Me la pasaba encerrada estudiando, preparando esos finales. me inscribía y el día del examen iba a la biblioteca de la universidad, y jamás entraba a rendir. Me quedaba todo el día en la universidad estudiando, y sintiendo que la próxima fecha estaría más preparada. La siguiente fecha era dos meses después, y volvía a sentir lo mismo. Nunca me sentía lista, siempre quería más tiempo para estudiar. Pasaron 2 años, y al ver que mi situación no cambiaba, decidí empezar terapia por primera vez. La primera observación que hizo la psicóloga, es que repetía mucho una palabra: MIEDO. 

Le tenía miedo a todo. La primera sesión fue para que me dijeran cómo terminar la universidad. Y la palabra universidad solo fue la primera frase de una sesión de 40 minutos. El resto de la conversación fue, mi madre, mi padre, mi pareja de ese momento, mi infancia, los eventos que me habían marcado en mi infancia. Nada de lo que hable tenía que ver con la universidad. Pero todos tenían algo en común: yo tenía miedo de todo y a todos. Tenía que empezar un trabajo interno muy grande para desmembrar de donde venía. No recuerdo bien cómo se fue dando todo el proceso, y a las pocas sesiones me cambié de psicóloga.

Solo recuerdo que en unos pocos meses mi vida cambió por completo. Terminé una relación, terminé de rendir las materias de la universidad y me fui del país. Decidí que quería ser nómada. Quería viajar por el mundo. hace 4 años estoy viviendo en distintos lugares y probando distintos trabajos, la mayoría de ellos catalogados como “no calificados”. Soy licenciada en relaciones internacionales, pero estoy trabajando como lavaplatos en un restaurante japonés, en Viena, Austria. 

¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?

El humano ama catalogar, poner nombre a las cosas. Clasificar, definir, ordenar. En el orden de cosas, ¿dónde me encuentro yo? ¿Cómo ordeno mi vida y qué criterios debería usar para clasificar el contenido que creó, a lo que me dedico y lo que soy? 

Soy una internacionalista lavaplatos, que en su tiempo libre escribe e investiga. Desde afuera muy posiblemente se lea con sentido peyorativo. Pero yo no encuentro ninguna contradicción entre lo que estudié y lo que hago. Sobre todo porque justamente el motivo por el que decidí estudiar Relaciones  Internacionales fue porque esa carrera condensaba muchas de las cosas que me interesan: tiene historia (amo la historia), geografía, política, sociología, derecho, comunicación y oratoria (amo hablar y comunicar). Elegí esto porque quería dedicar mi tiempo aprendiendo las cosas que me gustan. Y yo quería una carrera que pudiera disfrutar. Aun a expensas de que es un título muy genérico que no asegura un campo específico,y que demanda algún tipo de especialización. 

Incluso hasta el día de hoy decidir mi futuro “profesional” me pesa. Tener mi título universitario me enorgullece en muchos sentidos. Es el reflejo de mi capacidad intelectual, de mis habilidades para leer, estudiar, escribir, defender mis conocimientos. A nivel social-político, me pone en una posición privilegiada.  La posición de una mujer latinoamericana que ha alcanzado un nivel universitario. Además de que me abre la posibilidad de seguir estudiando en niveles aún más altos, ya que me habilita a estudiar un máster o un doctorado. De nuevo, un recordatorio de lo privilegiada que soy de gozar de libertad, de tener opciones. 

 

Pero entonces ¿por qué me pesa tanto elegir?

Porque en esencia sigo siendo esa chica con múltiples pasiones. Me siguen gustando muchas cosas. En el mundo de los conocimientos me interesa la interculturalidad, la migración, el racismo, la integración, las políticas. 

Pero tambien hay algo que muchos no entienden. Los trabajos “no calificados” que estoy realizando ahora tienen una ventaja: pagan bien, y al ser trabajos físicos, después de una noche de sueño mi cabeza es mía. Mis pensamientos son míos. y en mi tiempo libre, cada minuto está dedicado a mis intereses. En este momento estoy en mi día libre del trabajo, y  me encuentro en mi habitación tomando mates, y escribiendo sobre este tema. 

Catalogación de personas

Sé que sería más fácil para el mundo decir que soy la internacionalista que trabaja en una organización que tenga la palabra internacional en alguna parte, o que un ingeniero está en una empresa o en una fábrica, el abogado en un estudio jurídico, etcétera, Es bastante raro decir que teniendo títulos universitarios, muchos migrantes estamos trabajando limpiando hoteles, o sirviendo mesas, lavando platos, en algún país del norte. 

Lo cierto es, que no hay ninguna contradicción en nuestras decisiones. Yo estoy migrando por los mismos motivos por los que estudié relaciones internacionales, estudié francés, e inglés, fui au pair en Estados Unidos, o empecé a estudiar hotelería: porque hay un rasgo muy curioso en mi que me acompaña desde que soy niña. Y es porque soy curiosa, me gusta y auténticamente disfruto cada cosa que hago, e incluso cuando he hecho trabajos de mierda, o he tenido que soportar malos tratos, no me arrepiento de las cosas que estoy probando, ni de las decisiones que he tomado, porque de cada experiencia, de cada país y de cada persona que conozco por el mundo, aprendo algo nuevo, algo valioso. 

También es cierto que las economías de nuestros países actualmente son tan malas, que un lavaplatos en Austria puede ahorrar más dinero que un médico en Argentina. Que por más curiosa que yo sea, detrás de mi deseo de viajar hay intereses económicos, la búsqueda de una mejor calidad de vida, que mi país no me permite desarrollar. Muy posiblemente si Argentina me ofreciera un mejor futuro profesional, económico, social, yo no estaría haciendo estos trabajos en Europa. Es decir, mis decisiones son fruto de mis cualidades individuales, pero también resultado de un entorno político, social, cultural, que ha moldeado mi personalidad, y ha condicionado tanto las decisiones de mis padres, así como también las mías. 

En conclusión, y un poco respondiendo a mi pregunta inicial, sobre si debería fragmentar el contenido de nomadeando para complacer a las audiencias, y ayudar a que el algoritmo me beneficie y me ayude a tener más alcance, la respuesta más congruente es NO. Creo que lo más lógico es que nomadeando mantenga sus valores. Sus deseos de viajar, de conectar con otras culturas, aprender nuevos idiomas, migrar de un país a otro y compartir con otros curiosos y futuros nómades, tienen también una profunda lectura política y social del entorno en donde esta nomada ha nacido.  Creo que también la versión internacionalista merece ser escuchada y leída con el mismo interés  que la versión lavaplatos, housekeeper y niñera, ha tenido. Porque por mucho que el algoritmo se esfuerce por mostrar cada etapa o momento de mi vida, como si fuera individual, nomadeando es el resultado de una mezcla de realidades, de entornos y de momentos interconectados e inseparables.   

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