Hace unos años decidí, casi inconscientemente, tener una vida nómada. Cuando era niña cada vez veía mochileros asociaba su imagen y su estilo de vida tan austero, a la pobreza.
En mi cabeza se construía toda una historia de cómo esas personas podrían haber llegado a esa vida. De andar por el mundo solo con una mochila, un par de sandalias, y dos o tres mudas de ropa.
Pensaba que su estilo de vida se debía a falta de recursos. A una serie de malas decisiones como no haber estudiado una carrera, no tener un trabajo estable, no tener una casa. En pocas palabras, asocie la imagen de un viajero con la de una persona sin hogar.
Muchos años después me encontraría yo, en esa situación (aunque no he llegado aún al nivel de andar por la vida solo con una mochila).
Hoy, hay una parte de mi vida que se ha vuelto muy incómoda, y son las mudanzas. Ser viajero y acumulador, no son compatibles. El minimalismo como estilo de vida busca reducir o eliminar los excesos, para centrarse solo en lo ESENCIAL.
Ser viajero y ser minimalista no solo es conveniente, sino congruente.
Porque quienes viajan mucho, a menudo resaltan que lo más lindo de los viajes son las personas que conoces, las experiencias que vives, los paisajes que puedes disfrutar. Nada de eso requiere de grandes vestimentas, objetos, o lujos. Quien tiene una vida nómada, y -me refiero a vivir en un lugar por 6 meses o un año, o incluso menos- sabe que debe volver a irse y que no vale la pena comprar grandes decoraciones para una casa que va a dejar.
Después de más de 7 mudanzas en los últimos 4 años, doy fe de que cuantas más cosas tenemos más difícil es moverse. Sobre todo cuando viajas sola como yo. (adjunto pruebas de las primeras veces que me mude). Me dolía todo el cuerpo porque debía cargar con todas mis cosas sin ayuda, y les aseguro que pocas cosas son tan incómodas como andar con tanto equipaje por el transporte público, y los aeropuertos.
Algunas cosas MINIMALISTAS que he aprendido a hacer desde que viajo
- No comprar cosas en descuento solo para aprovecharlas. Claro que si hay algo que necesito, lo compro, pero en general, me evito entrar en tiendas a “mirar”
- Cosméticos: comprar solo cuando ninguno de los que tengo pueda cumplir esa función. Me propuse acabar todos los frascos mientras me encuentre asentada en un lugar.
- Cargar solo las cosas que me va a costar mucho dinero en caso de tener que adquirir cada vez que me mudo. Por ejemplo botas de hike, de nieve, abrigos, etc.
- Aprender a soltar las cosas materiales: esto es algo que creo que todos (o casi todos) los viajeros hacemos. Cuando nos estamos por mudar, de repente hay un puñado-o un par de bolsas extra- que no entran en la valija. Y a veces pasa, que aunque no nos demos cuenta, tenemos más que cuando llegamos. A veces porque fuimos comprando cosas pequeñas sin darnos cuenta, o porque fuimos recibiendo regalos de otras personas en el camino. Toca aprender a quedarnos solo con lo muy necesario, y dejarle a algún amigo, o donar, las cosas que no podemos cargar.
Errores que todavía cometo, y por lo que debería practicar MÁS el MINIMALISMO:
- A veces los pensamientos consumistas son más fuertes, y termino comprando cosas que “creo” necesitar. Si bien, intento que los momentos de ofertas no me tienten, me pasó en más de una ocasión, que me han gustado mucho ciertas prendas o calzados, y los he terminado comprando.
- La necesidad de decorar la pieza, o la casa, para sentirla más hogar. Entiendo que se nos haya vendido esa idea por muchos años. Siempre que llego a un lugar nuevo y semi-vacio, encuentro la necesidad de comprar aunque sea pequeñas cosas para hacerlo más “mío” o para que se sienta más cálido. Aunque son cosas pequeñas como velas, sahumerios, aromatizantes, algún pequeño adorno, termino sintiendo que la habitación se siente mas linda, mas propia. Pero tal vez sea una de esas cosas en las que yo necesite reconfigurar mi cerebro para romper con esa idea. En realidad no necesito cosas bonitas para hacerlas mías.
- Empacar cosas por si acaso: Este error lo he cometido varias veces. No implica en si comprar cosas nuevas, pero cuando he venido de Argentina, por ejemplo me he traído cosas para situaciones especiales, por ejemplo 3 vestidos de verano, habiendo llegado en agosto, o ropa “para salir” cuando se que la mayor parte de mi experiencia iba a estar enfocada al trabajo y a la montaña.
- Comprar cuando me siento triste. Este es un comportamiento con el que lucho todavía. Si bien, estoy mejorando con los años, a veces asocio el comprar algo con la felicidad.
Siempre digo que viajar saca nuevas versiones de mi . Y suena muy genérico y hasta cliché, decir eso. Con los viajes, voy aprendiendo estas cosas lenta y dolorosamente. Porque aunque he crecido en una sociedad, que me ha enseñado que prestigio social está dado por los objetos materiales: la casa más grande,más moderna, con piscina, con un quincho para el verano, o el auto nuevo, y en donde lo que se muestra se lleva el protagonismo, la vida me va enseñando que no es imposible romper con todas estas ideas y preconceptos sobre necesitar de las cosas materiales, y cumplir con ciertos estándares de vida para alcanzar la felicidad.
Y ojo, con todo esto, no estoy tratando de romantizar la pobreza y decir que no necesitamos de dinero o de cosas materiales. Sería muy hipócrita decirles que el dinero no importa, cuando es un tema recurrente en las cosas que escribo.
Simplemente hablo de que hay ciertas cosas que dejan de ser prioritarias, e incluso se tornan incompatibles con la vida viajera, que te enseña que menos es más. Que cuanto más ligera la mochila, más cómodo es el viaje.
¡Me encantó este artículo! Me quedo con esta reflexión porque me llevó a pensar en mi propia experiencia y vida diaria. Cuántas veces compramos y acumulamos cosas que no vamos a usar, sólo por aprovechar un descuento o caer en el frenesí de comprar. Aunque lejos estoy de una vida nomade, tus palabras me hicieron pensar mucho en mi día a día. En qué a veces no es necesario comprar tantas cosas, sino las útiles y necesarias para hacer nuestra vida más sencilla y amena. Gracias por compartir tu experiencia, Cami. Qué lindo es leerte 😍
Muchas gracias por leerme como siempre querida Mili 🙂 Algo que me enseña todo esto, es que cuanto mas pesada es la mochila mas dificil se hace el viaje (aplible para las mochilas mentales y emocionales que nos gusta llenar a veces)